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nena newsletter

Moreno, agosto de 2026.

Querida Pame:

Me pone muy contenta dar el puntapié inicial a este newsletter literario de editorial Sudestada, en el que no solo vamos a intercambiar reflexiones y sensaciones acerca de lecturas recientes, sino además, compartirlas con nuestros queridos lectores.

Para serte sincera, si tuviese que resumir la sensación que me invade cada vez que comenzamos este tipo de proyectos, es la que tan bien ilustra aquella imagen (devenida en meme) del niño sonriendo a la cámara, con las torres gemelas en llamas de fondo. Si bien es cierto que vivir en Argentina se trata un poco de normalizar cierto estado de locura permanente (en palabras de Gustazo Yuste “Llevamos el riesgo como a un perro que nos tiene agarrados de la correa y nos obliga a alimentarlo”) creo que no hay antecedentes de un momento tan crítico como este: compatriotas endeudados hasta la médula, usando la tarjeta de crédito para comprar comida, trabajadores que tienen que hacerse cargo de sus padres jubilados, jubilados que a su vez eligen cuál de todos los medicamentos pueden comprar; que en el día 10 ya está a fin de mes, investigadores del Conicet manejando uber, docentes haciendo malabares entre changa y clase, médicos dándole de comer a personas que prefieren estar internadas porque ahí tienen para comer. Me lo pregunto sinceramente ¿qué sentido tiene emprender este tipo de proyectos? 

Es una pregunta que me ha escoltado desde que tengo memoria ¿para qué?

No quiero que sea una maniobra más de evasión, por más que me duela, muchísimo, no quiero disociarme, o como se usa ahora decir “fingir demencia”. Por eso elijo nombrarlo, que aparezca en este mail de bienvenida, aunque “la baje”. Para honrar esa parte nuestra, ese tejido vivo que late aún, e insiste en creer en los proyectos colectivos, en el arte, en la literatura.  

Quería contarte además que así como vos, creo fervientemente que en el poder de las palabras, y es por eso que muchas veces los poemas, los epigramas, los versos, se vuelven para mí rezos, o mantras. ¿No es acaso un rezo la repetición de ciertas palabras sagradas que nos permite atravesar la oscuridad? Desde épocas remotas y latitudes lejanas, me llegan como un eco, a través de las voces de sus autores. “Cuando crece el peligro crece también lo que salva” de Friedrich Hölderlin, y “Peor que ponerse a leer y escribir en un momento como este, sería no ponerse a leer y escribir en un momento como este” de Wislawa Szymborska son las que me están acompañando por estos días. Me gustaría que me cuentes: ¿qué pensás de esto? ¿Tenés tus rezos? ¿O preferís llamarlos conjuros? 

También quería contarte que por suerte, dentro de este panorama social  horroroso, encuentro momentos de lectura, que son una especie de paréntesis oxigenante. Hace poco leí “Nena” de Sandra Russo, y quedé encantada. Me sorprendió gratamente. Es una especie de novela pero no en los términos clásicos, sino más bien un híbrido entre autoficción, ensayo y relatos concatenados. Me sentí fascinada ya al abrir el libro y leer las primeras páginas, en las que nos avisa que “el libro surgió desde otro estado de consciencia, otra posibilidad corporal: un estado de cansancio moral importante”. Me pareció simplemente brillante, porque condensa la sensación de una generación entera, y te diría, incluso más de una. En cada capítulo Sandra describe con agudeza y sensibilidad alguna anécdota jugosa, la cual siempre da cuenta también de una época: cómo se distribuían los roles, el poder, la palabra, los cuidados. 

Hay algo que no deja de fascinarme, una experiencia a la que busco volver siempre, y es la de descubrir. Como si un poema, un cuento, una novela, me abriera los senderos inexplorados de mí misma, o me invitara a ver todo de nuevo, desde otro lugar (esta misma sensación la tuve cuando nació mi hijo, pero eso ya es para desarrollar en la próxima carta). Y este libro, no fue la excepción, me trajo esa información novedosa, esa reliquia que me permite volver a pensarlo todo de otro modo.. Particularmente, la reflexión acerca del malestar de la movilidad social, un fenómeno tan particularmente argentino. El personaje de Iris padece, siente culpa de haber logrado el confort tan anhelado. Y viceversa, los “ascendidos” también sufren de manera muy específica esa caída. Me parece un tema fascinante. Me gustó además, porque Nena está narrado sin moralejas ni edulcorantes: se trata de una voz afectada, sin tapujos, contando su verdad, sumergiéndose nada más ni nada menos que en el fangoso terreno de la historia familiar.

En definitiva, te (se) los recomiendo enfáticamente. Me gustaría además que cuando lo leas, vos me comentes, cuando puedas, tus sensaciones y reflexiones.

Gracias de nuevo por acompañarme en este y tantos otros proyectos.

Espero tu respuesta.

Con amor, 

Nina Ferrari